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“Hay que elegir la vida”: Ana Weinstein, sobreviviente del atentado a la AMIA, en ORT

Ana Weinstein relató la mañana del 18 de julio de 1994 cientos de veces, convencida de la importancia que tiene transmitirlo para la conservación de la memoria y el reclamo de justicia. A pesar del tiempo transcurrido, su voz todavía se sigue entrecortando al contarlo: “No entendíamos que había pasado. ¿Quién puede entender que alguien haga un daño tan grande?”, preguntó Ana a los chicos de sede Belgrano que en silencio y conmovidos presenciaban su charla.


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Ana, abuela de ORT, trabaja como responsable del Centro de Documentación e Información sobre judaísmo argentino Marc Turkow en la AMIA y también lo hacía allí hace 23 años, cuando ocurrió el trágico atentado. “El día empezó como cualquier otro, es más, había finalizado el Mundial de Fútbol, por lo que se vivía un clima festivo. Lo primero que me avisaron al llegar fue que tenía que rehacer una carta, y por eso fui a la parte trasera del edificio, donde escuché la explosión. Si no fuera por esa carta no habría sobrevivido”, recordó. “Se apagaron las luces, sentí un ruido terrible. Al principio creíamos que podía haber explotado el gas. Cuando me enteré sentí que ya nada más existía”,  detalló visiblemente emocionada.

Rápidamente logró reconvertir el dolor en fuerza para seguir adelante: “Me quedé ayudando hasta las 10 de la noche”, rememoró Ana. Desde ese instante su vida cambió para siempre. “Yo sentí que tenía que elegir la vida y hacer algo por el otro”, agregó, para luego explicar cómo esa decisión continúa hasta el día de hoy: “Yo estoy acá porque entendí que es fundamental contarlo, para que todos ustedes también sean portadores de este saber, de este sentir”.

Relatar su historia tantas veces le permitió entender la valía de elegir las palabras adecuadas. “Me conmueve… no, no. Me enoja”, se corrigió cuando un alumno le preguntó por los sentimientos que le provoca pensar en la persona que llevó adelante el atentado. En ese momento las manos de los chicos se levantaron una tras otra. Todos querían saber más y conocer las sensaciones de Ana. “Respeten la vida, la justicia, la ley, y transmítanle lo que les conté a los que no lo sepan”, les aconsejó.

Unos pocos minutos después el auditorio se llenó de lágrimas cuando la Prof. Yael Mitelman, coordinadora del área de educación judía y organizadora del acto, le preguntó a Keren, la hija de Ana, por su experiencia personal. “Se ve que ese no era tu día mamá”, le dijo llorando. Al finalizar subió con sus dos hijos al escenario y se fundieron en un abrazo con Ana, quien miró por última vez a los chicos y les dijo: “Sus caritas y sus miradas de emoción son como mil abrazos para mí”.